Ya son 46

Mi tio Pepe ha escrito una historia que me gustaria compartir con vosotros, el la ha publicado en su blog pero de momento no se como vincularlo desde aqui. Os la recomiendo, de verdad.


Ya son 46

No tenía un nombre especial, tampoco era especial su trabajo ni su forma de vestir. Para la mayoría de las personas él no era otra cosa que un hombre más, pero tampoco le importaba demasiado; sabía que había alguien para quien era realmente especial: su pequeña princesa.Desde la muerte de su esposa había estado más unido que nunca a su hija, y siempre pensaban en estar juntos. Tanto que quizás el mejor momento del día para ambos era cuando, al llegar a casa tras finalizar su dura jornada, ella salía a recibirlo con una enorme sonrisa y los brazos abiertos para abrazarlo y jugar con él…

Por lo demás no tenían una vida demasiado fácil, pues vivían en un rincón del planeta del que cualquier diría que Dios hacía tiempo que se había olvidado; pero donde curiosamente todo se hacía y deshacía en su nombre, sin más justificación.

Un país lleno de miseria, repleto de violencia, pero donde había que seguir adelante sabiendo que no había más remedio que hacerlo. ¿Qué alternativa tenía él? Era su país, y en cierto modo lo amaba.

Como cada vez que lograba encontrar un rato en el trabajo, se acercó al mercado a hacer la compra para los próximos días, pero hoy el ambiente estaba realmente cargado. Demasiado ruido, olores penetrantes, sudor, y golpes, continuos golpes. Hacía tiempo que no veía tanta gente, por zonas estaba abarrotado. Avanzar se hacía complicado y esquivar los golpes y empujones era casi imposible. Además, en los tenderetes no había demasiado para elegir, tanto por la poca oferta disponible como por el poco dinero que, como siempre, llevaba encima. Aún así buscó y rebuscó los mejores productos, no para él, sino para su niña. Nada a derecha. Nada a izquierda. De nuevo empujones. Buscaba sin saber qué. Quizás compraría algunas verduras y carne… así haría un guisado bien nutritivo. Hacía mucho calor y costaba pensar. ¿Quería algo más? Claro, no podían faltar legumbres y algunas conservas, pues uno tampoco sabía cuando podría volver a acercarse a comprar.

Mientras aguantaba una bolsa de guisantes de buena calidad escuchó un revuelo tras él. Alguien avanzaba entre la multitud apartándola a los lados y dirigiéndose hacia la zona central de la plaza, aproximadamente donde él se encontraba. Era un chico joven, y aunque sus gestos revelaban cierto nerviosismo, al mirarle a la cara vio satisfacción, una gran satisfacción. De repente el chico se paró, miró a su alrededor, lanzó una carcajada y apretó algo en su cinturón. Lo último que escuchó fue un ruido ensordecedor, los guisantes cayeron…

Los boletines informativos no tardaron en hacerse eco de la noticia: “El atentado suicida de esta mañana en un mercado al aire libre de —- ha dejado 46 muertos y 173 heridos…” Para la mayoría de las personas, sólo era un número, 46, no más distinto de 13 o 78. Eran 46 cuerpos sin cara, sin nombre. No eran gente especial… pero una niña acababa de perder todo lo que importaba en su vida.

Texto by Pepe

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